Universidad 4.0: Smart campus como integrador de iniciativas inteligentes

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Vamos incorporando avances tecnológicos en nuestra vida a medida que las empresas apuestan por implementar soluciones que nos faciliten acceso a información, utilidades y servicios que supongan una ventaja como el ahorro de tiempo o la adquisición de conocimiento.

Las tecnologías inteligentes ya ha transformado nuestro día a día desde la forma en que reservamos un taxi, hasta el modo en el que interactuamos con nuestro hogar. Pero sin duda, uno de los ámbitos y entornos con mayor potencialidad de desarrollo es el de la enseñanza.

El desarrollo tecnológico se va introduciendo en todos los sectores y en  las universidades se está experimentando con Inteligencia Artificial y Big Data para mejorar la forma en que los estudiantes viven y aprenden en el campus y favorecer a la eficiencia energética en los edificios.

Smart Campus: Early Adopters en el mundo

En 2016, el Colegio San Pedro Apóstol de Madrid se convirtió en un ejemplo de eficiencia, siendo el primer colegio de España cien por cien domotizado. Gracias a la automatización y monitorización en tiempo real de todas sus instalaciones, desde la climatización hasta la iluminación, fueron capaces de optimizar el consumo energético generando importantes ahorros tanto en labores de mantenimiento como gracias a una mejora de eficiencia energética, mejorando así la experiencia educativa y el confort de sus alumnos. 

En 2017, la Universidad de Sevilla desplegó una solución innovadora e inteligente en sus salas de estudio, con el objetivo de mejorar la experiencia de sus miles de alumnos a la hora de dirigirse a las distintas salas de estudio. Esta solución les permite conocer el aforo y disponibilidad de plazas en las distintas salas de estudio disponibles y así tomar la decisión más eficiente.

Otro claro ejemplo ha sido la Universidad de Zaragoza, en la que una de sus iniciativas ha sido centrarse en crear un sistema de información geográfica y espacial del campus, gracias al mapeo de instalaciones y aulas, les permitió mejorar en la gestión de las actividades y distribución de espacios, lo que finalmente supone una mejora de la experiencia del alumnado.

La Universidad de Málaga es otro ejemplo de “Smart University”, acudiendo a soluciones inteligentes como recurso para el bienestar de todos los usuarios. Con la tecnología y el asesoramiento adecuado, fueron capaces de analizar el estado de cada edificio, y monitorizar la temperatura, grado de humedad, así como la presencia de alérgenos, con el fin de generar las condiciones adecuadas para una óptima experiencia del usuario.

Más allá de España, todavía son muchos más los ejemplos de universidades que aplican la tecnología para la mejora de sus procesos. La Universidad Estatal de Arizona, en EEUU, en su famoso estadio de fútbol, ha instalado sensores y cámaras para mejorar la experiencia de entretenimiento de los seguidores de su equipo, recopilando información sobre los niveles de ruido de sus ventiladores, priorizando la revisión de mantenimiento de éstos frente a otros. 

La Universidad de Wisconsin-Madison, en EEUU, ha iniciado un proyecto para descongestionar el tráfico de su entorno y aumentar la seguridad vial, incorporando una línea de de vehículos autónomos en una zona identificada con sensores y cámaras que permitan el registro y control pertinente.

La Universidad Nacional de Fiji en Oceanía, como parte de su estrategia digital, han integrado sistemas de información en todo el campus. Han conectado los sistemas de información de recursos humanos a los de finanzas y a los servicios para los estudiantes. El resultado es una mayor eficiencia al reducir el trabajo manual y una mejora de la calidad del servicio al estudiante. 

La Universidad de Deakin en Victoria, Australia, ha construido e implementado un sistema de asistencia por voz llamado Genie. Es un asistente digital, en forma de una aplicación de teléfono inteligente activada por voz estilo Siri, con información sobre tareas, horarios, referencias y todo lo que necesitan los estudiantes. Debido a que se ejecuta en IA, se vuelve más útil a medida que se usa.

La Universidad de Curtin, en Australia Occidental, ha convertido el campus en un “laboratorio de recopilación de datos”, con 1.600 cámaras conectadas a un software de análisis y de reconocimiento facial para recopilar información sobre tendencias, patrones de estudio y asistencia a cursos. Según el director de operaciones de la universidad, Ian Callahan, esto se utiliza “para mejorar la experiencia de los estudiantes y mejorar el aprendizaje”.

La Universidad Inteligente Hamdan Bin Mohammed en Dubai  (HBMSU), Emiratos Árabes, se inauguró en febrero de 2009 y desde entonces los estudiantes y el personal de la entidad utilizan la aplicación Smart Campus que conecta cuatro sistemas inteligentes con la última tecnología de inteligencia artificial, como el control de potencia y eficiencia, el sistema de iluminación inteligente Signify, el sistema de refrigeración inteligente y el sistema de gestión de edificios inteligentes. Cada uno de los cuatro sistemas funciona individualmente para recopilar información y datos de manera automatizada, y para entregarlos a la aplicación inteligente, que a su vez procesa y analiza los datos recibidos y responde utilizando técnicas de inteligencia artificial.

La Universidad de Glasgow en Reino Unido ha estado trabajando con el centro de innovación Future Cities Catapult en una estrategia para llevar tecnología al campus a medida que se expande. El sistema incluye inteligencia artificial en el campus, un servicio de autobuses a demanda y un centro de datos impulsado con energía renovable. 

Las instituciones educativas 4.0

No se trata, por tanto, de estar a la vanguardia de las soluciones inteligentes por una cuestión estética, sino de adoptar soluciones innovadoras que están soportadas por tecnologías que permiten el tratamiento masivo de datos provenientes de sensores, capaces de medir lo que realmente sucede en el campus, y así implementar algoritmos de mejora de procedimientos de gestión de infraestructuras, planificación y eficiencia energética.

De modo que en el hipotético caso de que Shakespeare retomase las dudas de Hamlet, y en el siglo XXI se plantease si ser o no ser una “Smart University”, tendría muchos ejemplos de éxito en su entorno para decidir con firmeza apostar por ser.